A mí en el pecho el corazón
se oprime sólo en mirarte,
ni la voz acierta de mi garganta a prorrumpir,
y rota calla la lengua.
----
Bajo tierra estarás,
nunca de ti,
muerta, memoria habrá
ni añoranza; que a ti
de este rosal
nada las Musas dan;
ignorada también,
tú marcharás
a esa infernal mansión,
y volando errarás,
siempre sin luz,
junto a los muertos tú.
-----
Como el viento desenfrenado
que en las montañas cae sobre los bosques,
el amor estremece mi ser.
------
De verdad que morir yo quiero
pues aquella llorando se fue de mí.
Y al marchar me decía: Ay, Safo,
qué terrible dolor el nuestro
que sin yo desearlo me voy de ti.
Pero yo contestaba entonces:
No me olvides y vete alegre
sabes bien el amor que por ti sentí,
y, si no, recordarte quiero,
por si acaso a olvidarlo llegas,
cuánto hermoso a las dos nos pasó y feliz:
las coronas de rosas tantas
y violetas también que tú
junto a mí te ponías después allí,
las guirnaldas que tú trenzabas
y que en torno a tu tierno cuello
enredabas haciendo con flores mil,
perfumado tu cuerpo luego
con aceite de nardo todo
y con leche y aceite del de jazmín.
Recostada en el blando lecho,
delicada muchacha en flor,
al deseo dejabas tú ya salir.
Y ni fiesta jamás, ni danza,
ni tampoco un sagrado bosque
al que tú no quisieras conmigo ir.
-----------
Estas son las cenizas de Timade,
muertas antes de la boda.
Fue a parar al oscuro tálamo de Perséfone.
Y una vez que ella pereció,
con un acero recién afilado,
todas sus compañeras colocaron aquí como ofrenda
la graciosa cabellera de sus cabezas.
------------
Igual que al jacinto en el monte los hombres pastores
lo pisan dejando en el suelo sangrienta la flor...
---------------
Inmortal celeste, de ornado trono,
dolotrenzadora, Afrodita, atiende:
no atormentes más con pesar y angustias
mi alma, señora,
sino ven aquí, si mi voz de lejos
otra vez oíste y me escuchaste
y dejando atrás la dorada casa
patria viniste,
tras uncir el carro: gorriones lindos
a la negra tierra tiraban prestos
con sus fuertes alas batiendo el aire
desde los cielos.
Y llegaron pronto, y tú, dichosa,
con divino rostro me sonreías
preguntando qué me pasaba, a qué otra
vez te llamaba
y que qué prefiero en mi alma loca
me suceda ahora: "¿A quién deseas
que a tu amor yo lleve? Ay dime, Safo,
¿quién te hace daño?
Pues, si huyó de ti, pronto irá a buscarte;
si aceptar no quiso, dará regalos;
te amará bien pronto, si no te ama,
aun sin quererlo".
Ven también ahora y de amargas penas
líbrame, y otorga lo que mi alma
ver cumplido ansía, y en esta guerra,
sé mi aliada.
---------
Más desdeñosa que tú, Irana,
no sé de ninguna.
-------
Me enamoré de ti hace, Atis, ya tiempo;
me pareciste una niña pequeña y sin gracia...
--------
No puedo decidir:
hay en mí dos almas.
-------
... pienso yo que jamás
muchacha habrá
viendo la luz del sol,
que se pueda decir
que en su saber
se parezca a ti...
--------
Se han puesto ya la luna y las pléyades,
es media noche,
pasa el tiempo,
y yo sigo durmiendo sola.
-------
Sé que más tarde alguien se acordará de nosotras.
--------
Te igualaba a una diosa insigne,
y tú te embelesabas con su canto
como con otro ninguno.
Pero se fue,
y ahora sobresale entre las damas lidias
lo mismo que la luna de rosados dedos
eclipsa todas las estrellas una vez puesto el sol.
Y su brillo baña de plata el mar salobre,
e ilumina las campiñas floridas,
donde ha caído el rocío y han brotado las rosas,
el tierno perifollo, las dulces flores del trébol.
Mas en el ajetreo de su nueva vida
no deja de añorar el cariño de su amada Atis,
y en el pecho le duele de nostalgia el corazón.
-------
... yo te buscaba y llegaste,
y has refrescado mi alma
que ardía de ausencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario