Detente sombra
Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.
Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?
Mas blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:que aunque dejas burlado el lazo estrecho
que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.
Mi divina Lysis
Divina Lysis mía:
perdona si me atrevo
a llamarte así,
cuando aun de ser tuya el nombre no merezco.
A esto, no osadía
es llamarte así, puesto
que a ti te sobran rayos,
si en mí pudiera haber atrevimientos.
Error es de la lengua,
que lo que dice imperio
del dueño, en el dominio,
parezcan posesiones en el siervo.
Mi rey, dice el vasallo;
mi cárcel, dice el preso;
y el más humilde esclavo,
sin agraviarlo,
llama suyo al dueño.
Así, cuando yo mía
te llamo, no pretendo
que juzguen que eres mía,
sino sólo que yo ser tuya quiero.
Yo te vi; pero basta:
que a publicar incendios
basta apuntar la causa,
sin añadir la culpa del efecto.
Que mirarte tan alta,
no impide a mi denuedo;
que no hay deidad segura
al altivo volar del pensamiento.
Y aunque otras más merezcan,
en distancia del cielo
lo mismo dista el valle
más humilde que el monte más soberbio,
En fin, yo de adorarte
el delito confieso;
si quieres castigarme,
este mismo castigo será premio.
Poema a la Virreina
Lo atrevido de un pincel,
Filis, dio a mi pluma alientos:
que tan gloriosa desgracia
más causa corrió que miedo.
Logros de errar por tu causa
fue de mi ambición el cebo;
donde es el riesgo apreciable
¿qué tanto valdrá el acierto?
Permite, pues, a mi pluma
segundo arriesgado vuelo,
pues no es el primer delito
que le disculpa el ejemplo
¿ de ti, peregrina Filis?,
cuyo divino sujeto
se dio por merced al mundo,
se dio por ventaja al cielo;
en cuyas divinas aras,
ni sudor arde sabeo,
ni sangre se efunde humana,
ni bruto se corta cuello,
pues del mismo corazón
los combatientes deseos
son holocausto poluto,
son materiales afectos,
y solamente del alma
en religiosos incendios
arde sacrificio puro
de adoración y silencio.
Yo, pues, mi adorada Filis,
que tu deidad reverencio,
que tu desdén idolatro
y que tu rigor venero:
bien así, como la simpleamante
que, en tornos ciegos,
es despojo de la llama
por tocar el lucimiento
como el niño que, inocente,
aplica incauto los dedosa la cuchilla,
engañadodel resplandor del acero,
y herida la tierna mano,
aún sin conocer el hierro,
más que el dolor de la herida
siente apartarse del reo;
cual la enamorada Clicieque,
al rubio amante siguiendo,
siendo padre de las luces,
quiere eñsenarle adimientos;
como a lo cóncavo el aire,
como a la materia el fuego,
como a su centro las peñas,
como a su fin los intentos;
bien como todas las cosasnaturales,
que el deseode conservarse, las une
amantes en lazos estrechos...
Pero ¿para qué cansarse?
Como a ti, Filis, te quiero;
que en lo que mereces, éste
es solo encarecimiento.
Ser mujer, ni estar ausente,
no es de amarte impedimento;
pues sabes tú que las almas
distancia ignoran y sexo.
¿Puedo yo dejar de amarte
si tan divina te advierto?
¿Hay causa sin producir?
¿Hay potencia sin objeto?
Pues siendo tú el más hermanso,
grande, soberano exceso
que ha visto en círculos tantos
el verde torno del tiempo,
¿para qué mi amor te vio?
¿por qué mi fe te encarezco,
cuando es cada prenda tuya
firma de mi cautiverio?
Vuelve a ti misma los ojos
y hallarás, en ti y en ellos,
no sólo el amor posible,
mas preciso el rendimiento,
entre tanto que el cuidado,
en contemplarte suspenso,
que vivo asegura sólo
en fe de que por ti muero.
Señora mía
Pedirte, señora, quiero
de mi silencio perdón,
si lo que ha sido atención
le hace parecer grosero.
Y no me podrás culpar
si hasta aquí mi proceder,
por ocuparse en querer,
se ha olvidado de explicar.
Que en mi amorosa pasión
no fue descuido, ni mengua,
quitar el uso a la lengua
por dárselo al corazón.
Ni de explicarme dejaba:
que, como la pasión mía
acá en el alma te veía,
acá en el alma te hablaba.
Y en esta idea notable
dichosamenta vivía,
porque en mi mano tenía
el fingirte favorable.
Con traza tan peregrina
vivió mi esperanza vana,
pues te pudo hacer humana
concibiéndote divina.
¡Oh, cuán loca llegué a verme
en tus dichosos amores,
que, aun fingidos, tus favores
pudieron enloquecerme!
¡Oh, cómo, en tu sol hermoso
mi ardiente afecto encendido,
por cebarse en lo lúcido,
olvidó lo peligroso!
Perdona, si atrevimiento
fue atreverme a tu ardor puro;
que no hay sagrado seguro
de culpas de pensamiento.
De esta manera engañaba
la loca esperanza mía,
y dentro de mí tenía
todo el bien que deseaba.
Mas ya tu precepto grave
rompe mi silencio mudo;
que él solamente ser pudo
de mi respeto la llave.
Y aunque el amar tu belleza
es delito sin disculpa
castígueseme la culpa
primero que la tibieza.
No quieras, pues, rigurosa,
que, estando ya declarada,
sea de veras desdichada
quien fue de burlas dichosa.
Si culpas mi desacato,
culpa también tu licencia;
que si es mala mi obediencia,
no fue justo tu mandato
Y si es culpable mi intento,
será mi afecto preciso,
porque es amarte un delito
de que nunca me arrepiento.
Esto en mis afectos hallo,
y más, que explicar no sé;
mas tú, de lo que callé,
inferirás lo que callo.
Soneto CXLV - A su retrato
Este que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;
éste, en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido,
es un vano artificio del cuidado,
es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:
es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.
Safo
A mí en el pecho el corazón
se oprime sólo en mirarte,
ni la voz acierta de mi garganta a prorrumpir,
y rota calla la lengua.
----
Bajo tierra estarás,
nunca de ti,
muerta, memoria habrá
ni añoranza; que a ti
de este rosal
nada las Musas dan;
ignorada también,
tú marcharás
a esa infernal mansión,
y volando errarás,
siempre sin luz,
junto a los muertos tú.
-----
Como el viento desenfrenado
que en las montañas cae sobre los bosques,
el amor estremece mi ser.
------
De verdad que morir yo quiero
pues aquella llorando se fue de mí.
Y al marchar me decía: Ay, Safo,
qué terrible dolor el nuestro
que sin yo desearlo me voy de ti.
Pero yo contestaba entonces:
No me olvides y vete alegre
sabes bien el amor que por ti sentí,
y, si no, recordarte quiero,
por si acaso a olvidarlo llegas,
cuánto hermoso a las dos nos pasó y feliz:
las coronas de rosas tantas
y violetas también que tú
junto a mí te ponías después allí,
las guirnaldas que tú trenzabas
y que en torno a tu tierno cuello
enredabas haciendo con flores mil,
perfumado tu cuerpo luego
con aceite de nardo todo
y con leche y aceite del de jazmín.
Recostada en el blando lecho,
delicada muchacha en flor,
al deseo dejabas tú ya salir.
Y ni fiesta jamás, ni danza,
ni tampoco un sagrado bosque
al que tú no quisieras conmigo ir.
-----------
Estas son las cenizas de Timade,
muertas antes de la boda.
Fue a parar al oscuro tálamo de Perséfone.
Y una vez que ella pereció,
con un acero recién afilado,
todas sus compañeras colocaron aquí como ofrenda
la graciosa cabellera de sus cabezas.
------------
Igual que al jacinto en el monte los hombres pastores
lo pisan dejando en el suelo sangrienta la flor...
---------------
Inmortal celeste, de ornado trono,
dolotrenzadora, Afrodita, atiende:
no atormentes más con pesar y angustias
mi alma, señora,
sino ven aquí, si mi voz de lejos
otra vez oíste y me escuchaste
y dejando atrás la dorada casa
patria viniste,
tras uncir el carro: gorriones lindos
a la negra tierra tiraban prestos
con sus fuertes alas batiendo el aire
desde los cielos.
Y llegaron pronto, y tú, dichosa,
con divino rostro me sonreías
preguntando qué me pasaba, a qué otra
vez te llamaba
y que qué prefiero en mi alma loca
me suceda ahora: "¿A quién deseas
que a tu amor yo lleve? Ay dime, Safo,
¿quién te hace daño?
Pues, si huyó de ti, pronto irá a buscarte;
si aceptar no quiso, dará regalos;
te amará bien pronto, si no te ama,
aun sin quererlo".
Ven también ahora y de amargas penas
líbrame, y otorga lo que mi alma
ver cumplido ansía, y en esta guerra,
sé mi aliada.
---------
Más desdeñosa que tú, Irana,
no sé de ninguna.
-------
Me enamoré de ti hace, Atis, ya tiempo;
me pareciste una niña pequeña y sin gracia...
--------
No puedo decidir:
hay en mí dos almas.
-------
... pienso yo que jamás
muchacha habrá
viendo la luz del sol,
que se pueda decir
que en su saber
se parezca a ti...
--------
Se han puesto ya la luna y las pléyades,
es media noche,
pasa el tiempo,
y yo sigo durmiendo sola.
-------
Sé que más tarde alguien se acordará de nosotras.
--------
Te igualaba a una diosa insigne,
y tú te embelesabas con su canto
como con otro ninguno.
Pero se fue,
y ahora sobresale entre las damas lidias
lo mismo que la luna de rosados dedos
eclipsa todas las estrellas una vez puesto el sol.
Y su brillo baña de plata el mar salobre,
e ilumina las campiñas floridas,
donde ha caído el rocío y han brotado las rosas,
el tierno perifollo, las dulces flores del trébol.
Mas en el ajetreo de su nueva vida
no deja de añorar el cariño de su amada Atis,
y en el pecho le duele de nostalgia el corazón.
-------
... yo te buscaba y llegaste,
y has refrescado mi alma
que ardía de ausencia.
se oprime sólo en mirarte,
ni la voz acierta de mi garganta a prorrumpir,
y rota calla la lengua.
----
Bajo tierra estarás,
nunca de ti,
muerta, memoria habrá
ni añoranza; que a ti
de este rosal
nada las Musas dan;
ignorada también,
tú marcharás
a esa infernal mansión,
y volando errarás,
siempre sin luz,
junto a los muertos tú.
-----
Como el viento desenfrenado
que en las montañas cae sobre los bosques,
el amor estremece mi ser.
------
De verdad que morir yo quiero
pues aquella llorando se fue de mí.
Y al marchar me decía: Ay, Safo,
qué terrible dolor el nuestro
que sin yo desearlo me voy de ti.
Pero yo contestaba entonces:
No me olvides y vete alegre
sabes bien el amor que por ti sentí,
y, si no, recordarte quiero,
por si acaso a olvidarlo llegas,
cuánto hermoso a las dos nos pasó y feliz:
las coronas de rosas tantas
y violetas también que tú
junto a mí te ponías después allí,
las guirnaldas que tú trenzabas
y que en torno a tu tierno cuello
enredabas haciendo con flores mil,
perfumado tu cuerpo luego
con aceite de nardo todo
y con leche y aceite del de jazmín.
Recostada en el blando lecho,
delicada muchacha en flor,
al deseo dejabas tú ya salir.
Y ni fiesta jamás, ni danza,
ni tampoco un sagrado bosque
al que tú no quisieras conmigo ir.
-----------
Estas son las cenizas de Timade,
muertas antes de la boda.
Fue a parar al oscuro tálamo de Perséfone.
Y una vez que ella pereció,
con un acero recién afilado,
todas sus compañeras colocaron aquí como ofrenda
la graciosa cabellera de sus cabezas.
------------
Igual que al jacinto en el monte los hombres pastores
lo pisan dejando en el suelo sangrienta la flor...
---------------
Inmortal celeste, de ornado trono,
dolotrenzadora, Afrodita, atiende:
no atormentes más con pesar y angustias
mi alma, señora,
sino ven aquí, si mi voz de lejos
otra vez oíste y me escuchaste
y dejando atrás la dorada casa
patria viniste,
tras uncir el carro: gorriones lindos
a la negra tierra tiraban prestos
con sus fuertes alas batiendo el aire
desde los cielos.
Y llegaron pronto, y tú, dichosa,
con divino rostro me sonreías
preguntando qué me pasaba, a qué otra
vez te llamaba
y que qué prefiero en mi alma loca
me suceda ahora: "¿A quién deseas
que a tu amor yo lleve? Ay dime, Safo,
¿quién te hace daño?
Pues, si huyó de ti, pronto irá a buscarte;
si aceptar no quiso, dará regalos;
te amará bien pronto, si no te ama,
aun sin quererlo".
Ven también ahora y de amargas penas
líbrame, y otorga lo que mi alma
ver cumplido ansía, y en esta guerra,
sé mi aliada.
---------
Más desdeñosa que tú, Irana,
no sé de ninguna.
-------
Me enamoré de ti hace, Atis, ya tiempo;
me pareciste una niña pequeña y sin gracia...
--------
No puedo decidir:
hay en mí dos almas.
-------
... pienso yo que jamás
muchacha habrá
viendo la luz del sol,
que se pueda decir
que en su saber
se parezca a ti...
--------
Se han puesto ya la luna y las pléyades,
es media noche,
pasa el tiempo,
y yo sigo durmiendo sola.
-------
Sé que más tarde alguien se acordará de nosotras.
--------
Te igualaba a una diosa insigne,
y tú te embelesabas con su canto
como con otro ninguno.
Pero se fue,
y ahora sobresale entre las damas lidias
lo mismo que la luna de rosados dedos
eclipsa todas las estrellas una vez puesto el sol.
Y su brillo baña de plata el mar salobre,
e ilumina las campiñas floridas,
donde ha caído el rocío y han brotado las rosas,
el tierno perifollo, las dulces flores del trébol.
Mas en el ajetreo de su nueva vida
no deja de añorar el cariño de su amada Atis,
y en el pecho le duele de nostalgia el corazón.
-------
... yo te buscaba y llegaste,
y has refrescado mi alma
que ardía de ausencia.
Gabriela Mistral
Amor, amor
Anda libre en el surco, bate el ala en el viento,
late vivo en el sol y se prende al pinar.
No te vale olvidarlo como al mal pensamiento:
¡le tendrás que escuchar!
Habla lengua de bronce y habla lengua de ave,
ruegos tímidos, imperativos de mar.
No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave:
¡lo tendrás que hospedar!
Gasta trazas de dueño; no le ablandan excusas.
Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar.
No te vale decirle que albergarlo rehúsas:¡
lo tendrás que hospedar!
Tiene argucias sutiles en la réplica fina,
argumentos de sabio, pero en voz de mujer.
Ciencia humana te salva, menos ciencia divina:
¡le tendrás que creer!
Te echa venda de lino; tú la venda toleras.
Te ofrece el brazo cálido, no le sabes huir.
Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque vieras
¡que eso para en morir! "
Anda libre en el surco, bate el ala en el viento,
late vivo en el sol y se prende al pinar.
No te vale olvidarlo como al mal pensamiento:
¡le tendrás que escuchar!
Habla lengua de bronce y habla lengua de ave,
ruegos tímidos, imperativos de mar.
No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave:
¡lo tendrás que hospedar!
Gasta trazas de dueño; no le ablandan excusas.
Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar.
No te vale decirle que albergarlo rehúsas:¡
lo tendrás que hospedar!
Tiene argucias sutiles en la réplica fina,
argumentos de sabio, pero en voz de mujer.
Ciencia humana te salva, menos ciencia divina:
¡le tendrás que creer!
Te echa venda de lino; tú la venda toleras.
Te ofrece el brazo cálido, no le sabes huir.
Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque vieras
¡que eso para en morir! "
Adrianne Rich
Arboles
(de: Necesidades de vida)
Desde el interior, los árboles avanzan hacia el bosque,
el bosque que estuvo vacío todos aquellos días,
donde ningún pájaro podía posarse,
ningún insecto esconderse,
y ningún sol podía enterrar su pies en la sombra;
en el bosque vacío de esas noches,
los árboles abundarán por la mañana.
Las raíces se esfuerzan toda la noche
por desprenderse de las grietas
en el suelo de la terraza.
Las hojas se retuercen hacia los vidrios,
pequeños vástagos endurecidos por el esfuerzo
largas y torcidas ramas que se desprenden con dificultad
bajo el techo, como pacientes recién dados de alta,
medio-aturdidos, dirigiéndose
hacia las puertas de la clínica.
Aquí me acomodo. Las puertas se abren hacia la terraza,
escribo extensas cartas
donde apenas menciono el bosque
y su partida de la casa.
La noche está fresca, la luna entera brilla
en un cielo aún abierto.
El aroma de hojas y liquen
llega como una voz a las habitaciones.
Mi mente está plena de susurros
que permanecerán en silencio mañana.
Escucha. Los vidrios se quiebran,
se tambalean los árboles
Hacia la noche. El viento
se apresura a recibirlos.
Como un espejo la luna se ha quebrado
y en la copa del roble más alto
relampaguean ahora sus fragmentos.
Dedicatorias
(de: Un Atlas del Difícil Mundo)
Sé que estás leyendo este poema
tarde, antes de dejar tu oficina
de la única lámpara amarillo intenso y la ventana que se va oscureciendo
en la lasitud de un edificio fundido al silencio mucho después de la hora pico.
Sé que estás leyendo este poema
parad@ en una librería lejos del océano
en un día gris del principio de la primavera,
débiles copos arrastrados por los enormes espacios de las planicies a tu alrededor.
Sé que estás leyendo este poema
en una habitación donde demasiado ha sucedido como para que lo soportes
donde las sábanas se enroscan estancadas en la cama y la valija abierta habla de huida
pero todavía no puedes irte.
Sé que estás leyendo este poema
mientras el subterráneo pierde velocidad
y antes de subir corriendo las escaleras
hacia una nueva clase de amor que tu vida nunca permitió.
Sé que estás leyendo este poema
a la luz de la pantalla del televisor
donde imágenes sin sonido se sacuden
y deslizan mientras esperás el noticiero de la intifada.
Sé que estás leyendo este poema
en una sala de espera de ojos encontrados
y que no se encuentran,
de identidad con extraños.
Sé que estás leyendo este poema
con luz fluorescente en el aburrimiento y la fatiga de jóvenes contados,
que se descuentan a sí mismos,
a una edad demasiado temprana.
Sé que estás leyendo este poema
con tu vista debilitada,
los gruesos lentes agrandando estas letras más allá de todo significado
y sin embargo sigues leyendo porque hasta el alfabeto es precioso.
Sé que estás leyendo este poema
caminando por la cocina calentando leche,
un bebé llorando sobre tu hombro,
un libro en tu mano porque la vida es corta y tú también tienes sed.
Sé que estás leyendo este poema
que no está en tu idioma
adivinando algunas palabras mientras otras te hacen seguir leyendo
y quiero saber cuáles son esas palabras.
Sé que estás leyendo este poema
escuchando,
desgarrad@ entre la amargura y la esperanza
volviendo una vez más a la tarea que no puedes rehuir.
Sé que estás leyendo este poema
porque ya no queda otra cosa que leer
ahí donde aterrizaste,
desnud@ como estás.
En un concierto de Bach
(de: Un Cambio de Mundo)
Atravesando la ciudad en una noche de invierno
Dijimos que el arte y la vida son polos opuestos.
Aquí nos acercamos a un amor que no conoce la lástima.
Esta anciana disciplina, severamente tierna,
Renueva la creencia en el amor y sin embargo controla el sentimiento,
Convirtiendo lo que soportamos en una bendición.
La forma es la ofrenda más grande que el amor puede ofrecer
-La unión vital de la necesidad
Con todo lo que deseamos, todo lo que sufrimos.
Un arte demasiado compasivo es apenas un arte a medias.
Sólo tan altiva y comedida pureza
Restaura el demasiado traicionado corazón
humano.
II
(de: Veintiún Poemas de Amor)
Me despierto en tu cama.
Se que he estado soñando.
Mucho más temprano, la alarma nos separó la una de la otra,
Has estado en tu escritorio por horas. Sé lo que soñé:
nuestra amiga la poeta viene a mi habitación
donde estuve escribiendo por días,
bocetos, carbonillas, poemas están desperdigados por todas partes,
y quiero mostrarle un poema
que es el poema de mi vida. Pero vacilo,
y me despierto. Besaste mis cabellos
para despertarme. Soñé que eras un poema,
digo, un poema que quería mostrarle a alguien...
y me río y vuelvo a soñar
con el deseo de mostrarte a toda la gente que amo,
para movernos abiertamente juntas
en el influjo de la gravedad, lo cual no es simple,
lo cual transporta al césped alado por un largo camino lejos
del elevado viento.
III
(de: Veintiún Poemas de Amor)
Porque ya no somos jóvenes,
las semanas han de bastar por los años sin conocernos.
Sólo esa extraña curva del tiempo me dice que ya no somos jóvenes.
¿Caminé yo acaso por las calles en la madrugada,
a los veinte, con la piernas temblándome y los brazos en éxtasis más pleno?
¿Acaso me asomé por alguna ventana buscando la ciudad atenta al futuro,
como ahora aquí, esperando tu llamada?
Con el mismo ritmo tú te aproximaste a mí.
Son eternos tus ojos, verde destello de la hierba verde azulada del comienzo del verano.
Sí. A los veinte creíamos ser eternas.
A los cuarenta y cinco deseo conocer incluso nuestros límites.
Te acaricio ahora, y sé que no nacimos mañana,
y que de algún modo tú y yo nos ayudaremos a vivir,
y en algún lugar
cada una debe ayudar a la otra a morir.
XII
(de: Veintiún Poemas de Amor)
Durmiendo, girando incesantes como planetas en sus praderas nocturnas:
un roce es suficiente para hacernos saber que no estamos solas en el universo,
aún dormidas los fantasmas del sueño de dos mundos cruzan sus pueblos fantasmas,
casi hablándose entre sí.
Despierto al susurro de tus palabras dichas a años luz o años sombra
como si mi propia voz hablara.
Pero tenemos voces diferentes, aún en sueños,
y nuestros cuerpos, tan parecidos, son sin embargo diferentes
y resuena el pasado a través de nuestras venas cargado con lenguajes diferentes, sentidos diferentes,
pero cualquier crónica del mundo compartida podría ser escrita con un sentido nuevo:
éramos dos amantes de un género,
éramos dos mujeres de una generación.
Poema flotante, sin número
(de: Veintiún Poemas de Amor)
Pase lo que pase con nosotras, tu cuerpo
vivirá en mí... tierno, delicado,
tu forma de hacer el amor,
como la fronda semi enroscada del helecho en espiral en los bosques
recién bañados por el sol. Tus viajeros y generosos muslos
entre los cuales mi rostro entero se hunde una y otra vez...
la inocencia y sabiduría del lugar que mi lengua ha encontrado ahí...
La viva, insaciable danza de tus pezones en mi boca...
Tu forma de tocar, firme, protectora, investigándome,
tu lengua fuerte y tus finos dedos
llegando donde te estuve esperando por años,
en mi rosa, húmeda cueva...
Pase lo que pase, esto es.
XX
(de: Veintiún Poemas de Amor)
Aquella conversación que siempre estuvimos a punto de tener,
está girando en mis pensamientos,
Durante la noche el Hudson tiembla bajo las luces de Nueva Jersey
El agua contaminada reflejando también la luna
Y yo distingo a una mujer
Que amaba ahogándose en secretos,
con una temible herida
Alrededor de su garganta que la rodea tal como los cabellos.
Y esa es ella con quien he intentado hablar,
cuya herida, expresa en su rostro
Volviéndose a un lado de dolor,
es arrastrada cada vez mas profundo
Donde no me puede escuchar,
Y enseguida me doy cuenta yo
que estaba hablando con mi alma.
(de: Necesidades de vida)
Desde el interior, los árboles avanzan hacia el bosque,
el bosque que estuvo vacío todos aquellos días,
donde ningún pájaro podía posarse,
ningún insecto esconderse,
y ningún sol podía enterrar su pies en la sombra;
en el bosque vacío de esas noches,
los árboles abundarán por la mañana.
Las raíces se esfuerzan toda la noche
por desprenderse de las grietas
en el suelo de la terraza.
Las hojas se retuercen hacia los vidrios,
pequeños vástagos endurecidos por el esfuerzo
largas y torcidas ramas que se desprenden con dificultad
bajo el techo, como pacientes recién dados de alta,
medio-aturdidos, dirigiéndose
hacia las puertas de la clínica.
Aquí me acomodo. Las puertas se abren hacia la terraza,
escribo extensas cartas
donde apenas menciono el bosque
y su partida de la casa.
La noche está fresca, la luna entera brilla
en un cielo aún abierto.
El aroma de hojas y liquen
llega como una voz a las habitaciones.
Mi mente está plena de susurros
que permanecerán en silencio mañana.
Escucha. Los vidrios se quiebran,
se tambalean los árboles
Hacia la noche. El viento
se apresura a recibirlos.
Como un espejo la luna se ha quebrado
y en la copa del roble más alto
relampaguean ahora sus fragmentos.
Dedicatorias
(de: Un Atlas del Difícil Mundo)
Sé que estás leyendo este poema
tarde, antes de dejar tu oficina
de la única lámpara amarillo intenso y la ventana que se va oscureciendo
en la lasitud de un edificio fundido al silencio mucho después de la hora pico.
Sé que estás leyendo este poema
parad@ en una librería lejos del océano
en un día gris del principio de la primavera,
débiles copos arrastrados por los enormes espacios de las planicies a tu alrededor.
Sé que estás leyendo este poema
en una habitación donde demasiado ha sucedido como para que lo soportes
donde las sábanas se enroscan estancadas en la cama y la valija abierta habla de huida
pero todavía no puedes irte.
Sé que estás leyendo este poema
mientras el subterráneo pierde velocidad
y antes de subir corriendo las escaleras
hacia una nueva clase de amor que tu vida nunca permitió.
Sé que estás leyendo este poema
a la luz de la pantalla del televisor
donde imágenes sin sonido se sacuden
y deslizan mientras esperás el noticiero de la intifada.
Sé que estás leyendo este poema
en una sala de espera de ojos encontrados
y que no se encuentran,
de identidad con extraños.
Sé que estás leyendo este poema
con luz fluorescente en el aburrimiento y la fatiga de jóvenes contados,
que se descuentan a sí mismos,
a una edad demasiado temprana.
Sé que estás leyendo este poema
con tu vista debilitada,
los gruesos lentes agrandando estas letras más allá de todo significado
y sin embargo sigues leyendo porque hasta el alfabeto es precioso.
Sé que estás leyendo este poema
caminando por la cocina calentando leche,
un bebé llorando sobre tu hombro,
un libro en tu mano porque la vida es corta y tú también tienes sed.
Sé que estás leyendo este poema
que no está en tu idioma
adivinando algunas palabras mientras otras te hacen seguir leyendo
y quiero saber cuáles son esas palabras.
Sé que estás leyendo este poema
escuchando,
desgarrad@ entre la amargura y la esperanza
volviendo una vez más a la tarea que no puedes rehuir.
Sé que estás leyendo este poema
porque ya no queda otra cosa que leer
ahí donde aterrizaste,
desnud@ como estás.
En un concierto de Bach
(de: Un Cambio de Mundo)
Atravesando la ciudad en una noche de invierno
Dijimos que el arte y la vida son polos opuestos.
Aquí nos acercamos a un amor que no conoce la lástima.
Esta anciana disciplina, severamente tierna,
Renueva la creencia en el amor y sin embargo controla el sentimiento,
Convirtiendo lo que soportamos en una bendición.
La forma es la ofrenda más grande que el amor puede ofrecer
-La unión vital de la necesidad
Con todo lo que deseamos, todo lo que sufrimos.
Un arte demasiado compasivo es apenas un arte a medias.
Sólo tan altiva y comedida pureza
Restaura el demasiado traicionado corazón
humano.
II
(de: Veintiún Poemas de Amor)
Me despierto en tu cama.
Se que he estado soñando.
Mucho más temprano, la alarma nos separó la una de la otra,
Has estado en tu escritorio por horas. Sé lo que soñé:
nuestra amiga la poeta viene a mi habitación
donde estuve escribiendo por días,
bocetos, carbonillas, poemas están desperdigados por todas partes,
y quiero mostrarle un poema
que es el poema de mi vida. Pero vacilo,
y me despierto. Besaste mis cabellos
para despertarme. Soñé que eras un poema,
digo, un poema que quería mostrarle a alguien...
y me río y vuelvo a soñar
con el deseo de mostrarte a toda la gente que amo,
para movernos abiertamente juntas
en el influjo de la gravedad, lo cual no es simple,
lo cual transporta al césped alado por un largo camino lejos
del elevado viento.
III
(de: Veintiún Poemas de Amor)
Porque ya no somos jóvenes,
las semanas han de bastar por los años sin conocernos.
Sólo esa extraña curva del tiempo me dice que ya no somos jóvenes.
¿Caminé yo acaso por las calles en la madrugada,
a los veinte, con la piernas temblándome y los brazos en éxtasis más pleno?
¿Acaso me asomé por alguna ventana buscando la ciudad atenta al futuro,
como ahora aquí, esperando tu llamada?
Con el mismo ritmo tú te aproximaste a mí.
Son eternos tus ojos, verde destello de la hierba verde azulada del comienzo del verano.
Sí. A los veinte creíamos ser eternas.
A los cuarenta y cinco deseo conocer incluso nuestros límites.
Te acaricio ahora, y sé que no nacimos mañana,
y que de algún modo tú y yo nos ayudaremos a vivir,
y en algún lugar
cada una debe ayudar a la otra a morir.
XII
(de: Veintiún Poemas de Amor)
Durmiendo, girando incesantes como planetas en sus praderas nocturnas:
un roce es suficiente para hacernos saber que no estamos solas en el universo,
aún dormidas los fantasmas del sueño de dos mundos cruzan sus pueblos fantasmas,
casi hablándose entre sí.
Despierto al susurro de tus palabras dichas a años luz o años sombra
como si mi propia voz hablara.
Pero tenemos voces diferentes, aún en sueños,
y nuestros cuerpos, tan parecidos, son sin embargo diferentes
y resuena el pasado a través de nuestras venas cargado con lenguajes diferentes, sentidos diferentes,
pero cualquier crónica del mundo compartida podría ser escrita con un sentido nuevo:
éramos dos amantes de un género,
éramos dos mujeres de una generación.
Poema flotante, sin número
(de: Veintiún Poemas de Amor)
Pase lo que pase con nosotras, tu cuerpo
vivirá en mí... tierno, delicado,
tu forma de hacer el amor,
como la fronda semi enroscada del helecho en espiral en los bosques
recién bañados por el sol. Tus viajeros y generosos muslos
entre los cuales mi rostro entero se hunde una y otra vez...
la inocencia y sabiduría del lugar que mi lengua ha encontrado ahí...
La viva, insaciable danza de tus pezones en mi boca...
Tu forma de tocar, firme, protectora, investigándome,
tu lengua fuerte y tus finos dedos
llegando donde te estuve esperando por años,
en mi rosa, húmeda cueva...
Pase lo que pase, esto es.
XX
(de: Veintiún Poemas de Amor)
Aquella conversación que siempre estuvimos a punto de tener,
está girando en mis pensamientos,
Durante la noche el Hudson tiembla bajo las luces de Nueva Jersey
El agua contaminada reflejando también la luna
Y yo distingo a una mujer
Que amaba ahogándose en secretos,
con una temible herida
Alrededor de su garganta que la rodea tal como los cabellos.
Y esa es ella con quien he intentado hablar,
cuya herida, expresa en su rostro
Volviéndose a un lado de dolor,
es arrastrada cada vez mas profundo
Donde no me puede escuchar,
Y enseguida me doy cuenta yo
que estaba hablando con mi alma.
Audre Lorde
Mujer
Sueño con un lugar entre tus pechos
para construir mi casa como un refugio
donde siembro
en tu cuerpo
una cosecha infinita
donde la roca más común
es piedra de la luna y ópalo ébano
que da leche a todos mis deseos
y tu noche cae sobre mí
como una lluvia que nutre.
¿Quién dijo que era simple?
Tiene tantas raíces el árbol de la rabia
que a veces las ramas se quiebran
antes de dar frutos.
Sentadas en Nedicks
las mujeres se reúnen antes de marchar
hablando de las problemáticas muchachas
que contratan para quedar libres.
Un empleado casi blanco posterga
a un hermano que espera para atenderlas primero
y las damas no advierten ni rechazan
los placeres más sutiles de su esclavitud.
Pero yo que estoy limitada por mi espejo
además de por mi cama
veo causas en el color
además de en el sexo
y me siento aquí preguntándome
cuál de mis yo sobreviviráa todas estas liberaciones.
Sueño con un lugar entre tus pechos
para construir mi casa como un refugio
donde siembro
en tu cuerpo
una cosecha infinita
donde la roca más común
es piedra de la luna y ópalo ébano
que da leche a todos mis deseos
y tu noche cae sobre mí
como una lluvia que nutre.
¿Quién dijo que era simple?
Tiene tantas raíces el árbol de la rabia
que a veces las ramas se quiebran
antes de dar frutos.
Sentadas en Nedicks
las mujeres se reúnen antes de marchar
hablando de las problemáticas muchachas
que contratan para quedar libres.
Un empleado casi blanco posterga
a un hermano que espera para atenderlas primero
y las damas no advierten ni rechazan
los placeres más sutiles de su esclavitud.
Pero yo que estoy limitada por mi espejo
además de por mi cama
veo causas en el color
además de en el sexo
y me siento aquí preguntándome
cuál de mis yo sobreviviráa todas estas liberaciones.
Adela Zamudio
Nacer hombre
Cuánto trabajo ella pasa
por corregir la torpeza
de su esposo, y en la casa,
(permitidme que me asombre)
tan inepto como fatuo,
sigue él siendo la cabeza,
¡Porque es hombre!
Si algunos versos escribe,
de alguno esos versos son,
que ella sólo los suscribe,
(permitidme que me asombre)
si ese alguno no es poeta,
por qué tal suposición
¡Porque es hombre!
Una mujer superior
en elecciones no vota,
y vota el pillo peor,
(permitidme que me asombre)
con tal que aprenda a firmar
puede votar un idiota,
¡Porque es hombre!
Él se abate y bebe o juega.
en un revés de la suerte:
ella sufre, lucha y ruega,
(permitidme que me asombre)
que a ella se llame el "ser débil"
y a él se le llame el "ser fuerte".
¡Porque es hombre!
Ella debe perdonar
siéndole su esposo infiel;
pero él se puede vengar,
(permitidme que me asombre)
en un caso semejante
hasta puede matar él,
¡Porque es hombre!
¡Oh, mortal privilegiado,
que de perfecto y cabal
gozas seguro renombre!
en todo caso, para esto,
te ha bastado
nacer hombre.
Cuánto trabajo ella pasa
por corregir la torpeza
de su esposo, y en la casa,
(permitidme que me asombre)
tan inepto como fatuo,
sigue él siendo la cabeza,
¡Porque es hombre!
Si algunos versos escribe,
de alguno esos versos son,
que ella sólo los suscribe,
(permitidme que me asombre)
si ese alguno no es poeta,
por qué tal suposición
¡Porque es hombre!
Una mujer superior
en elecciones no vota,
y vota el pillo peor,
(permitidme que me asombre)
con tal que aprenda a firmar
puede votar un idiota,
¡Porque es hombre!
Él se abate y bebe o juega.
en un revés de la suerte:
ella sufre, lucha y ruega,
(permitidme que me asombre)
que a ella se llame el "ser débil"
y a él se le llame el "ser fuerte".
¡Porque es hombre!
Ella debe perdonar
siéndole su esposo infiel;
pero él se puede vengar,
(permitidme que me asombre)
en un caso semejante
hasta puede matar él,
¡Porque es hombre!
¡Oh, mortal privilegiado,
que de perfecto y cabal
gozas seguro renombre!
en todo caso, para esto,
te ha bastado
nacer hombre.
Rosario Castellanos
Meditación en el umbral
No, no es la solución
tirar se bajo un tren como la Ana de Tolstoy
ni apurar el arsénico de Madame Bovary
ni aguardar en los páramos de Ávila la visita
del ángel con venablo
antes de liarse el manto a la cabeza
y comenzar a actuar.
Ni concluir las leyes geométricas, contando
las vigas de la celda de castigo
como lo hizo Sor Juana.
No es la solución
escribir, mientras llegan las visitas,
en la sala de estar de la familia Austenni encerrarse en el ático
de alguna residencia de la Nueva Inglaterra
y soñar, con la Biblia de los Dickinson,
debajo de una almohada de soltera.
Debe haber otro modo que no se llame
Safoni Mesalina ni María Egipciaca
ni Magdalena ni Clemencia Isaura.
Otro modo de ser humano y libre.
Otro modo de ser.
El día inútil
Me han traspasado el agua nocturna, los silencios
originarios, las primeras formasde la vida, la lucha,
la escama destrozada, la sangre y el horror.
Y yo, que he sido red en las profundidades,
vuelvo a la superficie sin un pez.
El encerrado
Cara contra los vidrios, fija,
estúpida, mirando sin oír.
Aquí afuera sucede lo que sucede: algo.
Relampaguea una nube,
se alza un ventarrón,
sube una marejada o una llanura
queda quieta bajo la luz.
Las especies feroces
devoran al cordero.
El látigo del fuerte
chasquea sobre el lomo
del miedo y la cadena
del opresor se ciñea los tobillos
de los que nunca ya podrán danzar.
Uno persigue a otro, lo alcanza,
lo asesina.
Y tú presencias todo,
maravillado, ajeno,
sin preguntar por qué.
Destino
Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca.
A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos.
¡Que cese ya esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
.para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.
El hombre es animal de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.
Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.
El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo de un tigre.
El ciervo bebe el agua y la imagen.
Se vuelve—antes que lo devoren— (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.
Damos la vida sólo a lo que odiamos.
No, no es la solución
tirar se bajo un tren como la Ana de Tolstoy
ni apurar el arsénico de Madame Bovary
ni aguardar en los páramos de Ávila la visita
del ángel con venablo
antes de liarse el manto a la cabeza
y comenzar a actuar.
Ni concluir las leyes geométricas, contando
las vigas de la celda de castigo
como lo hizo Sor Juana.
No es la solución
escribir, mientras llegan las visitas,
en la sala de estar de la familia Austenni encerrarse en el ático
de alguna residencia de la Nueva Inglaterra
y soñar, con la Biblia de los Dickinson,
debajo de una almohada de soltera.
Debe haber otro modo que no se llame
Safoni Mesalina ni María Egipciaca
ni Magdalena ni Clemencia Isaura.
Otro modo de ser humano y libre.
Otro modo de ser.
El día inútil
Me han traspasado el agua nocturna, los silencios
originarios, las primeras formasde la vida, la lucha,
la escama destrozada, la sangre y el horror.
Y yo, que he sido red en las profundidades,
vuelvo a la superficie sin un pez.
El encerrado
Cara contra los vidrios, fija,
estúpida, mirando sin oír.
Aquí afuera sucede lo que sucede: algo.
Relampaguea una nube,
se alza un ventarrón,
sube una marejada o una llanura
queda quieta bajo la luz.
Las especies feroces
devoran al cordero.
El látigo del fuerte
chasquea sobre el lomo
del miedo y la cadena
del opresor se ciñea los tobillos
de los que nunca ya podrán danzar.
Uno persigue a otro, lo alcanza,
lo asesina.
Y tú presencias todo,
maravillado, ajeno,
sin preguntar por qué.
Destino
Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca.
A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos.
¡Que cese ya esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
.para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.
El hombre es animal de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.
Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.
El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo de un tigre.
El ciervo bebe el agua y la imagen.
Se vuelve—antes que lo devoren— (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.
Damos la vida sólo a lo que odiamos.
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